| Presentación |
Leí en algún texto que “hacer empodera más que escuchar y hablar”.3 Al respecto, me interesa precisar que no tengo siquiera el mínimo interés en tener el poder en los términos que nos han acostumbrado los que sabemos y que son diferentes del señalado, salvo el que me permita intentar cambiar lo que razonablemente creo poder hacerlo, teniendo en cada momento como norte aquél proverbio de la Madre Teresa de Calculta, cuando dijo que a veces sentía que lo que hacía era tan sólo una gota en el mar, pero comprendía que el mar fuera menos, si le faltara esa gotita. Entonces, mi peculiar forma de entender el poder y hasta el empoderamiento -con el perdón de los expertos en el tema-, es aquella capacidad que la reconocí últimamente a raíz de unos aprendizajes recientemente logrados, para desarrollar competencias que me permiten observar el mundo, reconocer diferencias y a partir de ello, emprender acciones. Una de esas acciones es precisamente esta nueva investigación pero sobre todo emprendimiento que -siguiendo de alguna manera el estilo iniciado allá por los años 2000 – 2001 en lo que se refiere a la utilización de técnicas de interpretación jurisprudencial para responder problemas jurídicos- me permito presentar, trabajo que se encuentra dividido en dos partes. En la primera, he intentado brindar al lector un panorama completo respecto de las posiciones doctrinales de las corrientes a favor y en contra de la interpretación judicial o del derecho jurisprudencial, lo que luego me llevó necesariamente a referirme a los sistemas jurídicos y a las fuentes del derecho. Estoy convencido que es imposible entender cabalmente el derecho jurisprudencial y utilizar las ratio decidendi en el trabajo diario del jurista, sin antes aproximarse por lo menos, a las trascendencias incluso políticas, que el tema trae consigo. Con ese antecedente, en la segunda parte se desarrollan las ratio decidendi que a mi juicio son las más importantes en la jurisprudencia votada por el Tribunal Constitucional de Bolivia (no todas, lo que fuera sumamente complicado para un trabajo impreso). Intenté ser lo más riguroso en la selección de las ratio decidendi y en la construcción de las líneas jurisprudenciales resultantes; aunque como la opinión de cada observador es particular, seguramente cada uno hallará matices. Como pretendo sea costumbre en mi trabajo, no sólo he cuidado la esencia del libro, sino también su forma, tratando que su producción, impresión y presentación sea lo mejor posible en el medio. Tengo que confesarles respecto a su título, que no acostumbro a usar términos latinos en mi trabajo; es más, soy un convencido –a diferencia de muchos de mis colegas- de la conveniencia de evitar el uso de palabras latinas o extranjeras. No obstante, me tuve que rendir ante la evidencia plena que, son esas las palabras que mejor resumen para el medio el contenido de este mi nuevo trabajo. Así que fue bautizado como RATIO DECIDENDI. El prólogo ha sido realizado por el ilustre profesor e investigador colombiano Diego Eduardo López Medina que introdujo en el país la temática del derecho jurisprudencial, habiéndome parecido por ello que era quien mejor podía presentar un trabajo sobre ese tema, además de mostrarle de esta manera, el agradecimiento de quienes seguimos sus útiles enseñanzas. En la presentación de mi anterior trabajo realizada en mi amada ciudad de Sucre, había dicho a los asistentes que no imaginaba mi vida sin un libro por medio (no necesariamente escribiéndolo, sino también leyéndolo) y en esa ocasión, los amigos me habían preguntado qué era lo que me llevaba a producir regularmente. Pues, he pensado en la respuesta y al margen de lo que indiqué al inicio, quiero decir que soy un convencido que es la lectura lo que hace que devenga uno escribiendo; bien lo dijo Addison, “la lectura es para la mente, lo que el ejercicio es para el cuerpo”. Por ello, agradezco cada momento de mi vida, el buen ejemplo que me dejó -entre muchos otros-, mi padre Francisco Yañez Navarro. Imposible dejar de agradecer a mi esposa Gianina y nuestros hijos Pablo Ignacio y Lucía Mayrena, ellos son quienes hacen que estos emprendimientos valgan lo que íntimamente valen para nosotros. Prometiendo seguir con este apasionante “vicio” y agradeciendo por haber confiado nuevamente en mí trabajo, invito cordialmente a leerlo. “No hay que confundir nunca el conocimiento con la sabiduría. El primero nos sirve para ganarnos la vida, la sabiduría nos ayuda a vivir”. Corcha Carey
Sucre, CAPITAL de la república de Bolivia, enero de 2007. |